Blue Flower

2000

Las sociedades modernas tienen dos instancias dominantes de estructuración. Una es la economía, la otra es la mediática. La economía en la actualidad se define en relación con la crisis del Estado. El discurso neoliberal sobre la eficiencia de los mercados deriva de la crisis de los Estados Benefactores y de los Estados Socialistas. Esta crisis tiene dos notas. Por un lado, es una crisis fiscal. Es Estado —y me refiero a un fenómeno universal— no recauda lo que su obligación social le manda. El envejecimiento poblacional y las crecientes pretensiones en lo que concierne a la vejez y a la salud, de las poblaciones del primer mundo han hecho del Estado un agente deudor con un porvenir de quebranto. 

Cada vez más los actuales aportantes depositan sus ahorros en fondos de pensión privatizando así sus esperanzas de retiro. La tecnología mejora la productividad pero no aumenta necesariamente el volumen de la producción, con lo que la desocupación aumenta y el débito del Estado con respecto a su población económicamente sobrante también. Por otro lado, la crisis del Estado es ideológica, es decir de legitimidad. El rol del Estado como agente universal que garantizaba el espacio público y la idea de una república en la que se organiza la formación del ciudadano, vía derechos, educación, salud, libre opinión, ha sido criticado en su misma esencia. Su rol igualador, de compensación de las heridas de un mercado sin otro principio que la eficiencia económica, este rol social ha sido denostado tanto por el discurso liberal como por el neoliberal. 

Y digo liberal porque Hayek o von Mises son muy anteriores al neoliberalismo y sus vertientes monetaristas. Forman parte de una escuela que medio siglo atrás aún luchaba contra el Estado de Stalin y el de Hitler. Son ellos los que, desde un punto de vista que definían como humanista, pretendieron adjudicar a la sociedad civil y sus instituciones roles que una particular versión de la democracia le dio al Estado. 

El fenómeno de la globalización se refiere tanto a una totalización como a una dinámica. Las islas ya no son posibles en el nuevo diseño del mercado mundial. La dinámica apunta a la velocidad, la rapidez de acción financiera y productiva. Los capitales ingresan y se retiran a una altísima velocidad y las fábricas se montan y se desmontan sin provocar altos costos de mudanza a las corporaciones. Hoy, por ejemplo, el llamado triángulo de Tijuana tiembla ante las devaluaciones asiáticas. Las fábricas y armadoras amenazan con mudarse. Esta velocidad e imprevisibilidad llevan a pensar los fenómenos económicos como acontecimientos naturales. Tanto el agua como el aire, a veces también la tierra, sirven para encontrar las mejores metáforas para ilustrar los fenómenos del mundo de hoy. Imágenes de corrientes marinas, surf, navegación, vientos, booms, cracks, nos hablan de una meteorología como una disciplina de aproximaciones para el estudio de la sociedad. Una meteorología político-social. 

La mediática es un fenómeno complejo que no se ajusta a los modelos de explicación clásicos de reflejo de la realidad o de manipulación de las mentes. Ni el esquema referencial ni el esquema conspirativo de la alienación de las conciencias. 

Tampoco le corresponde una idea de absoluta receptividad por dos motivos. Primero porque los medios de comunicación pueden provocar acciones y movilizan a la gente. Segundo porque el ser humano no es una tábula rasa sino un ser reactivo. El mundo mediático tiene dos palabras: novedad y actualidad. Su modo y tiempo es el de la tensión, el de la expectación ansiosa. La clínica que le corresponde es la que se da por objeto los fenómenos maníaco-depresivos. Hay ciclos de euforia mediática que se intenta sostener. Existe una fuerte pulsación adictiva. Un paso al costado y se produce la caída con una angustiante sensación de aislamiento. Entre los fenómenos mediáticos están los de entretenimiento, los publicitarios y los de información. Pero se mezclan y conforman un artefacto híbrido. No hay noticia que dure más de diez días. Las tapas, los encabezamientos, los titulares, son cortoplacistas. Es el reino de lo efímero, como decían los pensadores franceses antes del Mundial. 

Distingo las siguientes fases en la construcción de las noticias. La fase de la programación que consiste en la búsqueda de fuentes y contactos. Los medios de comunicación cumplen la función de intermediarios estratégicos entre grupos de poder. A menudo reciben información de un sector que tiene datos dedicados de otro sector con el que compite o está en conflicto, y la magnitud del escándalo que el medio puede provocar se tabulará con la cantidad de venta o adhesión, ya sea en espectadores, lectores o espacios publicitarios. Así circulan videos, grabaciones, fotos, testigos o imprevistas confesiones. Este rol de intermediación es uno de los principales recursos de noticias y novedades. De este modo la política mediática se vincula con la extorsión. La segunda fase es la  difusión. Una vez lanzada la noticia, entra en un circuito de refuerzo, de divulgación, repetición, complementación y modulaciones. Se expresan comunicadores, cronistas, periodistas, opinólogos, escritores, víctimas, sospechosos. Es un acto de resonancia mediática que transita por la televisión, la radio, la prensa escrita, hasta mesas redondas. Esto no sólo muestra sino que también legitima el interés que despierta la noticia lanzada. Es la sociedad entre comillas la que se expide. 

Luego viene una fase de saturación. Existe una curva de atención que tiene límites de variabilidad. Como toda curva, tiene un momento de caída al que los medios deben prestar atención, si no quieren que los competidores los madruguen con una novedad fresca y seductora. La noticia tiene un tiempo de vida que no debe prolongarse en demasía. Nadie debe morir  por envejecimiento, el modelo mediático es la eutanasia. O vende, o es best-seller, o se la descarta. Finalmente una fase de olvido. Las noticias entran en un proceso agónico que las lleva a una sedimentación muda, un estado de tenue latencia, que constituyen un archivo de la memoria que es al mismo tiempo un archivo del olvido. La noticia también tiene un cuerpo. La noticia puede ser frontal, angular, residual, evocativa o muerta. Frontal cuando ocupa la primera plana; angular cuando acompaña a la noticia del día y ha sido desplazada a un rol secundario. Residual como parte de las noticias del montón, como actores de reparto. 

Evocable cuando es una noticia que tiene un período de aparición, un tempo discontinuo cuyo compás varía. Muerta es la noticia que ha sido olvidada. Ejemplos. En el mes de julio, frontal es el Mundial y angular es la reelección o la cárcel de Videla. Residual es la mafia del oro o la aduana paralela, que fue pasando al fondo del corredor. Evocable es la noticia Yabrán, como habitando un limbo del que cada tanto vuelve. Muerta es una novedad momificada, por ejemplo el atentado a la vida de Fernando Solanas. Por eso el dispositivo mediático de información tiene un escanciamiento temporal con el que se marca el presente al mismo tiempo que se inhibe la duración. Los medios de comunicación cumplen un extraordinario rol de producir una cadena de olvidos. Son programadores de amnesia. Cada novedad está dirigida a enterrar información. 

Pero esto no hace que la mediática remita a un mundo de simulacros derivado de una concepción platónica. El mundo comunicacional no es un mundo, sino las condiciones de posibilidad de una experiencia. Es un mundo kantiano, como dice el filósofo Gustavo Varela, y no un simulacro que marca la ausencia de una autenticidad perdida y por recobrar. El dispositivo mediático crea una infraestructura en cuyos límites se encierra toda la comunicación, nada queda afuera. Una vez programada la noticia, el efecto de resonancia la extiende, amolda, modula, y hace intervenir un muestrario variable de facetas culturales y posiciones ideológicas. Un delito cometido por un juez —para hablar del caso Oyarbide—, el de amenazar y mandar a atacar a alguien, se convierte por resonancia mediática en un debate generalizado sobre la sexualidad, intimidad, límites de la privacidad, el rol de la tecnología, las políticas de seguridad, las nuevas formas del espionaje y del chantaje, la función y los límites de los medios de comunicación en la difusión de ciertos videos, elaboraciones sobre nuevas formas del voyeurismo, discusión sobre la legitimidad del ejercicio de la prostitución, las fronteras del pudor, la necesidad de la humillación como espectáculo de crueldad. El dispositivo mediático se ha convertido así en la condición de posibilidad de una experiencia cultural que se traduce en debates ideológico, opciones morales, lucha de prestigios, dramas personales y montajes estéticos. 

Para terminar, cabe decir que los antes llamados periodistas cumplen con la actualización de dos roles tradicionales. Uno es el del pastor, y el otro es el del juez. Una autoridad moral que permite a doña Rosa y a don Pirulo identificarse con el que aparece como una buena maestra, un buen doctor, un mejor padre, un fiel marido, un sobrino cariñoso. Los comunicadores están obligados al sermón. Las tácticas emotivas deben ser permanentes y, oscilan fundamentalmente entre la compasión y la indignación. Pasiones tristes, como decía Spinoza. Por otro lado, el lenguaje y la postura judicial, en los que el comunicador denuncia, emplea lenguaje de folios, es erudito en legajos y confiable receptor de pruebas testimoniales. 

El tiempo de la economía es moroso, lento y fatal. Los modelos económicos no se cambian por decreto, con o sin pensamiento único. Es un tiempo trágico en el que el sujeto del poder es asunto de meteorología. El tiempo mediático es agitación permanente, manía ciclotímica, pataleo sin fin. El ser que así se arma tiene una cabeza con pelos al viento y un rostro plagado de tics. Y por sostén, un par de patas de elefante que apenas consiguen mover el esqueleto. Hoy en día la función parasitaria que trasunta la política y los políticos, se debe a que la función política no es más que un exudado de la morosidad económica y la histeria mediática. 

Ni la globalización económica ni el poder mediático son permeables a las pasiones tristes. Ninguna apelación a un universo más puro, ninguna utopía de un mundo mejor, ningún recurso a una experiencia más humana, más auténtica, de mayor proximidad o vecindad detendrá su marcha irreversible. Sin embargo, economía y mediática no son las dos caras de un monstruo que mira fijo. Cada uno de los monstruos que nos ha deparado la historia ha tenido su Sigfrido. Pero estos lanceros siempre han estado cerca de la boca del dragón, cerca del fuego. Son los hackers los verdaderos enemigos del establishment informático y no los pastores ni los cultores de raíces perdidas. Es el sirviente que le llenaba el vaso al jerarca el que sabía lo que se tramaba alrededor. 

Su opinion?

Envie su comentario!