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VÍSPERAS
Los partidos tienen su particular humor. Los hay ansiosos, otros de espera, calculados, hay encuentros temerosos, otros en los que se quiere impresionar desde la pitada inicial. Hemos visto también aquellos en los que a la primera jugada se mete un patadón satánico. ¿ Cómo debemos jugar mañana contra Alemania? 

Kantianamente. La prosa de este alemán nada tiene que ver con el borbotón y el avalanchismo de los germanos de Berlín. Es precisa, escalonada, ajustada, pulida, dura, como un diamante. Nosotros tenemos los elementos, me refiero a los jugadores, que se hacen eco de este temple filosófico. Riquelme, Saviolita, Mascherano, Ayala, Lucho, son jugadores que pueden erguirse con la frente clara, mantener el equilibrio, no apurarse y cambiar de ritmo en el momento justo. 

Los equipos de Bielsa reflejaban el temperamento de su técnico glotón, voraz, para quien el partido debía terminar antes de comenzar. Pekerman parece distinto, no se desespera por el hecho de que puede durar ciento veinte minutos, quizás vayamos a los penales, ¿ por qué no? La verdad es que me siento muy tranquilo, y quisiera trasmitir esta serenidad a mis compañeros del blog. Estamos bien. La base stá. 

Mucho más calmo hoy que hasta hoy. El partido contra Méjico había que ganarlo, el de mañana, lo ganaremos, nos tenemos confianza. Nada hay que temer. Los que sí están preocupados son ellos, los comesalchichas, esos necios agentes de la cerveza Brahma- Quilmes que inunda las pantallas con su creatividad gritona bañada en zarzuela franquista. No sólo disfrutaremos del partido, sino que lo rociaremos con vino argentino. 

Nunca me sentí mejor. Los nervios están del otro lado. No es que lo argentinos hayamos cumplido, no se trata de un deber, sino de un talento ejercido con placer. Más aún, les digo que después de ganarles a los alemanes, seguiré con la rutina de siempre, porque será un día normal, lógico, trascendental, melódico. Ya estoy pensando en Italia, lo hago mediterráneamente, con sol, como el de hoy. 

Me gusta el futbol. Dejé de sufrir. Espero el día de mañana como lo esperaba Napoleón en la víspera de la batalla de Austerlitz en la que destrozó a los Fritz. Con el catalejo pispeando el horizonte, recorriendo la llanura, como un general conversando con la tropa. En la fría aurora de otro día de gloria.

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