Blue Flower


Para decirlo desde un comienzo: nos hemos aprendido nada, como pueblo y nación no hemos aprendido nada. La misma soberbia, el mismo cántico en nombre de un pueblo que se inventa para seguir patoteando la historia, la misma unanimidad diseñada par imponerse sobre el silencio y el conformismo, el mismo progresismo arrebañado. Esta fecha no tiene porqué ser neutral, si se quiere enarbolarla y hacerla símbolo o efemérides la oportunidad existe para un espacio de debate, reflexión e información. Podemos dejar la vana e interminable conversación sobre si la memoria sí o la memoria no, o si para la pacificación es bueno que se recuerde la sangre, si España, Francia o Chile, no adoptaron mejor camino, dejemos eso que no conduce a nada. No tengamos miedo de rememorar, de reflexionar. ¿ Pero sobre qué? ¿Sobre el Golpe? ¿Para hacernos los democráticos y defensores de los derechos humanos por decreto moral presidencial y ley del congreso habitados ambos por todo tipo de oportunistas? Nadie debe ignorar que de los menos de doscientos años de nuestra historia, sesenta se han desarrollado bajo la égida política y simbólica del peronismo. Y más allá de los pro y contras de su trayectoria que dividen a las gradas, y más allá también de la mente oracular que se necesita para explicarle la esencia de este fenómeno político a quien no sea argentino, nosotros, los que habitamos este suelo, al menos nosotros, debemos dejar de cantarnos a nosotros mismos la sanata de la juventud maravillosa que hoy ya abuelos se felicitan por escracharlo a Videla. Es de pobres de espíritu y de mentirosos profesionales. Esta es una buena fecha para interrogarse sobre qué pasó en nuestra historia política de 1972 hasta diciembre de 1975. Para estudiar la génesis de lo que será nuestro mayor desastre nacional, la lucha armada y los secuestros, la mentalidad para la cual todo camino político de alianzas de grupos de intereses en vistas de un régimen consttucional con garantías era una maldición burguesa, es buena para medir el triunfalismo y el vanguardismo ignorantes de las raíces culturales de nuestro auténtico pueblo. Es una buena fecha para reflexionar sobre la guerra civil peronista, sobre su extrema derecha, sobre las relaciones de los montoneros con el nazifascismo, sobre las relaciones entre la cúpula sindical peronista con los militares represores desde los tiempos de Onganía. Sobre los efectos políticos del Cordobazo que preparó el retorno de un Perón del que ya de sabía por quien iba a venir acompañado. Es una buena fecha para pensar sobre el valor e las estrategias en la política, sobre los caminos par debilitar y aislar a un adversario. El abrazo Perón- Balbín fue un buen abrazo, pero nada más que un abrazo, eran dos viejos de cuerpo y espíritu. Pero no hubo fuerzas reformistas y corajudas para aislar al pueblo golpista, porque en nuestro país también hubo un poderoso pueblo gorila, un pueblo e instituciones, iglesia y sectores políticos, frentes sociales y grupos económicos, que apoyaron al partido militar, porque los militares no eran sólo los que interrumpián procesos de proscripción constitucional, sino la válvula de la olla a presión de los dilemas nacionales. Es una buena fecha parar analizar los procesos voluntaristas de distribución de la riqueza con aumentos de sueldos y congelamientos de precios que llevaron un proceso de Gelbard a Rodrigo. Es bueno y mejor aún para calibrar el comportamieno de la sociedad civil luego del golpe, de sus instituciones, de los partidos políticos brindando en la confitería El Molino junto Videla, de las asociaciones profesionales en permanente diálogo con el poder, de las agencias de publicidad al servicio de las campañas por la paz obtenida, de los programas de televisión, pero no sólo Neustadt, Grondona y Soffovich, sino otros, a Tato brindando con los generales, a Magdalena bajando línea tan funcional al sistema, las relaciones de la cúpula sindical y montoneros con el gran movimiento histórico del almirante Massera, la euforia promilitar durante la guerra de Malvinas, todo esto y mucho más pero no para caza de brujas sino para mirarnos al espejo y ser un poco más honestos y pensar, entonces sí, para adelante. Es una excelente fecha para pensar el presente y el futuro. La guerra política interperonista es de hoy y del inmediato ayer. Supongo que no hemos olvidado como se arrojaban el uno al otr el cuerpo de José Luis Cabezas Menem y Duhalde, entre yabranistas y los de la maldita policía, y otras tantas cosas truculentas que los dos magnates del justicialismo llevaron a cabo para dejar el país en el estado en que lo decoró un hombre como de la Rúa. Escrachar a procesistas, marchar de a miles con la bandera de lo derechos humanos como si fuera la de Boca o River, juntarse en suplementos culturales y números especiales, para forjar una imagen mediática políticamente correcta, es mezquino homenaje a los miles de asesinados de los setenta. No digo que deberíamos antes escracharnos a nosotros mismos porque no se trata de un mea culpa acompañado por profesionales del arrepentimiento, sino de pensar en la verdad, en la famosa verdad, sin golpes bajos, sin vender barato la palabra genocidio, sin hacer amarillismo revolucionario.

 

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