Blue Flower

 
 
 

 

Las ilustraciones de este número corresponden a obras de pintores franceses

 


 

 

Segunda breve historia de la filosofía 51
La hermana de Pascal
 

Madame Pérrier ha escrito una breve biografía de su ilustre hermano. Está publicada como una introducción a los Pensamientos. Después hay un prólogo de su marido, el cuñado de Blaise. Asuntos de familia.

Blaise Pascal nació en el año 1623. Murió a los treinta y nueve años. A los once escribió un tratado sobre las vibraciones sonoras. Tenía una relación intensa con su padre. Le rogaba que le enseñara matemáticas. Por ser una disciplina considerada como peligrosa, el padre no le permitía su práctica ni su estudio si no aprendía antes griego y latín para leer las sagradas escrituras. Si se esmeraba en sus deberes cristianos y cumplía con los mandatos de la fe, tendría su postre: la realización del sueño numérico.

Era un prodigio de la ciencia. Inventó una máquina aritmética y, se dice , que es el inventor de la ruleta. Se habla de la “apuesta” de Pascal, término que además de remitirnos a una angustia existencial ya clásica, remite a la voluntad de juego y a su obsesión probabilística.

Entre tantos dolores que padecía, desde los estomacales hasta los terribles producidos por sus muelas que no lo dejaban dormir, durante el insomnio perfeccionaba su máquina giratoria, la ruleta, al tiempo en que los pensamientos se sucedían uno tras otro como en un torbellino sin fin.    

Recuerdo en este momento el nombre de un sociólogo rumano, Lucien Goldman, discípulo de Lukacs, cuya vida intelectual se desarrolló en Francia en mi época de estudiante de filosofía y sociología en la Sorbonne. Había inventado un método hermenéutico, el “estructuralismo genético”, por el que proponía un método de lectura e investigación de la historia de la cultura. Lamentablemente estaba a contracorriente de la moda del momento, el estructuralismo, que privilegiaba el análisis sincrónico y los sistemas de relación entre elementos simultáneos, por lo que para un estudiante de los años de mayo 68 estaba fuera del canon vigente. Goldman escribió sobre Pascal un libro titulado Le Dieu Caché, en el que muestra el otro lado del optimismo cartesiano.

Es cierto que Descartes tenía un espíritu pionero, creía que el método científico podía transformar el mundo y acomodarlo a sus necesidades. Una mejor vida con mayor bienestar resultaría de la aplicación de la ciencia a los bienes terrenales del hombre. Pascal es la voz sombría de los tiempos modernos. Para J.L.Borges, en su ensayo La esfera de Pascal,es “tremendista y lúgubre”. Pero sigamos con la hermana.

Nos cuenta que Blaise tenía una profunda descofianza de los “ libertinos”, personajes que no eran los que hoy entendemos por erotómanos sino los ultrarraccionalistas que situaban a la razón por encima de todo, es decir, los cartesianos.

A los treinta años decide...( perdone el lector, tengo una confusión, una intermitencia mnemotécnica inesperada, se me aparece el nombre del poeta Jacques Prèvert, y se asocia a Pascal, en seguida irrumpe uno de mis poetas preferidos - su conocimiento se lo debo a Henry Miller - , Blaise Cendrars, del mismo nombre que nuestro filósofo, ¿será por eso que se dió este desplazamiento hacia Prévert?, en todo caso, esta traslación poética me ha llegado con Pascal)...sigo, decide retirarse a vivir al campo. Despide a la servidumbre, hace su propia cama y se cocina.

La hermana cuenta que cuando las urgencias se presentaban y ya no daba más, desagotaba su libido en “ un sitio maravilloso”. No aclara a qué se debe el encomio del atributo.

Descarta de sus dieta todos los placeres gastronómicos, no más guisos ni salsas. Elimina las tapicerías de su cuarto. Sólo la ruda madera. No acepta más conversaciones aparentemmente agradables surgidas de las “superficialidad de las visitas”.

Se ajusta en la cintura un aro de hierro con puntas que lo lastima lo necesario para no dejarse estar, lo ayuda a conservar un cierto fervor y a estimular su espíritu.

Tiene horror del contacto corporal. Le recrimina a la hermana las caricias que prodiga a sus hijos. Divide a la ternura en dos, las sensuales y las razonables.

El único entretenimiento en los últimos años de su vida, consistió en visitar iglesias.
 

Segunda breve historia de la filosofía 52

Los pensamientos de Pascal

 

La ciencia no alcanza. Más aún la ciencia nos engaña. La expansión del universo lograda gracias a la invención y fabricación de instrumentos, la conquista de la naturaleza y el dominio de los objetos, colaboran en invertir el sentido común, remover espejismos, quizás enriquezcan la imaginación, satisfagan apetitos, y con todos esos logros no dejan de idiotizar al hombre. Su necedad es la de siempre, pero esta vez la soberbia del conocimiento instrumentalpromueve su mezquindad espiritual y lo hace cada vez más grosero.

Pascal llama “ espíritu de geometría” al que se encarna en quienes tienen un temple derecho, recto, saturado de explicaciones causales y protegido por definiciones y principios. El “yo” del cogito está imbuído de la fascinatio nugacitatis ( el embelesamiento por las chucherías).

La grosería utilitaria del geómetra y la ansiedad que desespera por una satisfacción inmediata al “espíritu refinado” ( de finesse ), el buscador de una intuición directa, son síntomas de una enfermedad mortal: la inútil curiosidad sobre las cosas.

El hombre sin Dios es un ser miserable. Intenta compensar la falta de una mayúscula saltando de una minúscula a otra, como lo hace Montaigne, que no logra ordenar la serie de sus reflexiones a pesar de anclarse en un yo. La suya no es más que la identidad de un saltinbamqui. Demasiadas historias en su excesivo hablar de sí mismo.

El mundo visible es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. ¿Qué es un hombre ante el infinito? A la vista de los infinitos todas las finitudes se aplanan y son iguales. La parte no puede conocer al todo.

Pascal confiesa haber dedicado mucho tiempo al estudio de las ciencias abstractas, hasta darse cuenta que no son apropiadas para el conocimiento de nosotros mismos. El hombre está hecho para pensar y debe comenzar por sí mismo. Sin embargo, pensar no es cazar liebres, ni lo es jugar, combatir, buscar, disputar, entre opiniones y argumentos, que en realidad deseamos multiplicar para sentirnos vivos. Nada nos entristece más que encontrar algo.

Bien reconoce Pascal la esclavitud a la que nos somete la necesidad de apostar. La agitación permanente oculta el aburrimiento, la diversión no alcanza jamás la felicidad. “ El corazón del hombre está hueco y lleno de basura”, nos dice.

En el párrafo 139 afirma: “ toda la desdicha de los hombres proviene de una sola cosa: no saber permanecer en reposo en una habitación”. Siente que los infinitos que lo rodean lo encierran. Es un átomo ahogado en la inmensidad. Sufre de agorafobia. Es una sombra que dura un instante. Ignora quien lo puso en el mundo, ni qué es el mundo, ni quién es él.

“Vivo en la terrible ignorancia de todas las cosas”.

Dios existe pero está oculto. Condena a Descartes. Su certeza es ridícula, su Dios es un impostor. El genio maligno también existe, es Descartes. Chasquéo los dedos y nombró a Dios para dar comienzo a su sistema, y una vez puesto en marcha no lo necesitó nunca más.

“¿Por qué un rengo - se pregunta – no nos irrita tanto como un espíritu rengo? Porque sólo el rengo reconoce que nosotros caminamos derechos.

Debemos padecer el buen temor, el de la fe, y dejar de lado al falso, el que nace de la duda. Ante el aterrador silencio de los espacios infinitos, debemos creer en el Dios escondido, es la única apuesta que vale la pena.

Nos dice en el párrafo 146: “ el corazón tiene razones que la razón no conoce, lo vemos en mil cosas”.

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