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Medio oriente y periodismo ( I )
por Tomás Abraham

Es llamativa la cantidad de respuestas que tienen los comentaristas sobre la guerra del Líbano. En materia de política internacional se encuentran un sinfín de oportunidades para volcar siempre un mismo mensaje. Todos tienen posicion tomada. Ni hacen faltas las guerras, ni las muertes, ni los cohetes, ya se supone conocido de qué se trata. El periodismo, al menos el vernáculo, hace de las  guerras un ejercicio de estilo. Todos concurren a un taller de geopolítica para refrescar sus consignas. No hay dilemas, nada es complejo, las cosas y los acontecimientos hablan por sí mismos, basta recoger sus signos. 
James Neilson ( Noticias 5/8) – periodista intelectual, intransigente, culto, valiente – tiene una versión ilustrada del conflicto. La guerra del medio oriente pone frente a frente a la civilización y a la barbarie. Destaca las masacres intestinas entre chiitas y sunitas, copn el fin de resaltar que la violencia islámica puede llegar ser letal y eterna y que los partidos de Dios consideran la entrega de la vida propia, y también la supresión de la ajena como posibilidades de redención. Dice que desastres como los de Caná son inevitables y que pudo haber constituído “un simulacro armado” ya que el edificio se derrumbó horas después del bombardeo. Hasta ahora me resulta incomprensible el enigma que presenta este supuesto ardid. A los masacrados alguién los bombardeó, no entiendo si Nielson dice que fueron los de Hezbollah mismos o quienes sinó. Sigue afirmando que estas masacres dañan a Israel porque sólo la opinión pública occidental juzga con severas pautas estos episodios. Luego se refiere a la judeofobia en los países árabes. “ En todos los países musulmanes, se difunde de modo incesante propaganda antijudía virulenta calcada de la nazi o de la rusa, además de la originada en el islam mismo cuyas tradiciones en esta materia son similares”. Dice que el islam es una religión bélica.

Ante la solución final de la clase propuesta por Irán, Hezbollah y Hamás, afirma que Israel para sobrevivir depende de su supremacía militar. “A ninguno de sus enemigos jurados les interesa un desenlace pacífico mutuamente aceptable”.

Neilson dice que la guerra santa, la jihad, se libra a la vez que contra Israel, contra los hindúes en Cachemira y contra los rusos en Chechenia. Para concluir, nos remite a un desastre cultural para occidente si no reinventa una fe convincente en sus propios valores: “ En una lucha a muerte entre quienes creen con intensidad en algo y los que en el fondo no creen mucho en nada, los primeros llevarán las de ganar”.

Cualquiera puede escuchar el sonido de furia que despiertan estos argumentos en quienes aborrecen las masacres y los asesinatos a mansalva de los aviones israelíes. Yo no participo de este sentimiento. Neilson fue uno de los pocos que en plena matanza de los torturadores procesistas los denunció en el Buenos Aires Herald y nunca sacó rédito de sus actos y puso en peligro su vida. Es un conservador, un hombre democrático, no tiene pelos en la lengua ni cola de  paja, jamás apadrinó torturadores ni ponebombas. Odia a los racistas y a los dictadores, de Franco a Fidel. Pero no estoy de acuerdo con él. Los árabes también quieren civilización, además la han conocido durante siglos cuando sentaron las bases del renacimiento europeo. No soy quien para darle lecciones de historia a Neilson que bien las conoce. Las masas árabes no sólo quieren prosternarse no se sabe cuántas veces al día en dirección a la Meca, sino ir a la universidad, estudiar medicina, tener una casa con televisor y computadora. Y podemos estar seguros que millones de mujeres árabes desearían tener los mismos derechos que los hombres. El fanatismo o fundamentalismo son armas de guerra. La religión se ha convertido en una máquina  de guerra. Es el tambor del combate. El islam ha tenido más de una tradición y corrientes teológicas en su historia, no sólo ha invocado el asalto a mano armada y a espada desnuda. Para que esta máquina letal quede sin municiones se necesita la política, pero no a la manera de la invasión a Suez en el 56, de los golpes de estado contra Mossadeh, del apoyo a corruptos crueles como el Shá, y la protección de Sheiks feudales. Menos destruyendo países como Irak.

El descreimiento, el escepticismo, la duda metódica, el pacifismo, que Neilson percibe como conductas suicidarias en occidente, no le han impedido llevar a cabo asesinatos a mansalva, por más real politik que pretenda explicarlos. 

Medio oriente y periodismo ( II )


No haré sutilezas ni distingos ni matices entre Eduardo Galeano, Horacio Verbitski y Juan Gelman, respecto de lo que piensan de la crisis de medio oriente. No serán exactamente iguales, podrán ser o no apostasias de una misma sustancia o clones ideológicos. Podrán odiarse entre sí de acuerdo a la tradición sectaria o amarse en La Habana, para el caso es lo mismo.

Y el caso es que dejaré de lado su oportunismo ideológico que los hace hablar de las víctimas de lo bombardeos israelíes, mostrase compungidos y  atribulados ante los inocentes masacrados ( Verbitsky, El niño gris, Página 12 6/8), hacer un listado de todo lo que se cobró el ejército israelí en las últimas décadas, usar el Holocausto como muletilla que haga sentir a los judíos que no siempre son víctimas, y siempre dejar para un último momento residual la hipócrita aclaración de que lo actos de terrorismo en Tel Aviv también están mal, pero no tanto.

Dejo de lado su condición de matriceros ideológicos que los hace moldear siempre el mismo producto, y les otorgo la buena fe. Supongamos que la base de la que parten pretende ser sencillamente histórica: los judíos invadieron una tierra que no les era propia, expulsaron a los palestinos, y les deben mucho más que explicaciones. Ninguno de los tres acepta el argumento político sellado por las Naciones Unidas en 1947 porque lo consideran simple coartada de un occidente culposo de haber dejado exterminar a seis millones de judíos. Europa y EE.UU, más la URSS expurgaron un problema a costa de los árabes y esto no determina legitimidad alguna. Partamos entonces de que Israel es opresor en Palestina desde hace más de cincuenta años y que no tiene derecho a la existencia. ¿ O lo tiene? ¿ Lo tiene o no lo tiene? Si no lo tiene, hay que preparar los barcos para los que quieran irse a EE.UU, Australia, Argentina, Méjico, o crear un Estado Palestino con los judíos en minoría. Invertir la situación. Por lo tanto los judíos nuevamente serán los sin tierra, y conformarán como durante dos mil años una  minoría ínfima de tipo religioso en medio de un occidente con algunos skin heads, por ahora, en Alemania, Francia con Le Pen viejito y su heredero en las sombras, una Europa Central liberada de la opresión soviética que ve resurgir los atavismos nacionalistas que expresan más de un afán antijudío, ya sea en Polonia, Rumania, Ucrania, y por supuesto Austria y Rusia, y un mundo árabe que se la tiene jurada hace rato. Este mundo justo para muchos, parece que no es posible.

Pensemos ahora que Israel sí tiene derecho a la existencia. Entonces se debe exigir el reconocimiento de su Estado y el derecho político y jurídico de su gente a habitar y administrar su territorio. Es decir, no se habla más del 48, no se pone más en tela de juicio la creación de la nación judía.

Por lo que las amenazas de Irán, como la de otros países árabes antes y ahora, son agresiones de las que debe tomarse debida cuenta, y los veinte mil cohetes de la hezbollah almacenados en la frontera y financiados por potencias extranjeras, constituyen un peligro nacional.

Si el trio revolucionario que despliega sus escritos periodísticos justicieros piensa que Israel es la avanzada del imperialismo yanqui en una Arabia oprimida, entonces se la debe destruir en términos de guerra revolucionaria. Salvo que se piense que un gobierno no es un Estado, menos una nación, y mucho menos un pueblo.
Intelectuales argentinos de izquierda han firmado una solicitada denunciando la agresión israelí, no son los únicos que piensan así, no hay que ser de “izquierda” para pedir un cese el fuego o dos estados en paz, y piden firmas que deben remitirse a la siguiente dirección: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

La palabra genocidio lamentablemente ha sido stockeada en un outlet, está de oferta. Más de un millón de árabes en Israel, un partido político árabe con sus diputados en la legislatura israelí, no es precisamente eso lo que tuvimos los judíos con Hitler, nos buscaban hasta el no sé cuanto ascendiente para cremarnos. No basta por lo visto que se mate, que se asesinen inocentes, si no se usa la palabra genocidio da la sensación que baja el rating.

Ahora citaré a Verbitsky:

“ La necedad de la dirigencia judía argentina, que ofreció su tribuna al embajador de Israel para que justificara la brutal violación de su país al derecho internacional humanitario y de los derechos humanos la emparenta con el lobby judío de los Estados Unidos, que ha contribuído a impedir cualquier acuerdo negociado entre los pueblos de Israel y Palestina. Para mayor irrisión ese acto provocativo se realizó a pocos metros de la esquina de Palestina y Estado de Israel, que simboliza la afectuosa convivencia entre las colectividades árabe y judía, sin igual en el mundo. Todos deberíamos cuidarla como el precioso capital que es y que el menemismo malversó como tantos otros bienes sociales. En el aniversario de atentado contra la AMIA, esa misma conducción no tuvo mejor idea que reclamar la ruptura de relaciones con Irán, como si los dos bombazos de la década anterior no le hubieran bastado para aprender la virtud de la prudencia” ( Página 12, ibid).

El judío yanqui de izquierda Noam Chomsky dijo que ni la administración Bush ni ninguna otra necesitan del lobby judío para sentir el olor al petróleo. Respecto de la maraña con la que actúa este lobby se pueden seguir los trabajos de Stephen Walt, John Mearshiemeren y  Michael Massing en el London Review of books y en el New York Review of Books de este mes al menos para averigüar algo acerca de la sorprendente agrupación de “sionistas cristianos” que hacen presión a favor de Israel y de la más aún sorprendente cantidad ce judíos que no apoyan la política palestina del Estado israelí. Pero a estos estudiosos les falta la seguridad del periodista argentino que es taxativo y despacha el tema con la verdad subordinada a la estafa ideológica.

Que este lobby sea el obstáculo para una paz que las organizaciones como Hezbollah, Al Fatah, OLP, Hamás, el estado Sirio, Irán, antes Saddam Hussein, y sigue la nómina, siempre quisieron, digamos que es información incompleta.

Que la culpa la tenga nuevamente Menem, el antiguo jefe adorado por el jefe de Verbitsky, no me cabe duda. He publicado al respecto varias notas desde el mismo año 1994, culpa de corrupción e irresponsabilidad, pero que haya dañado las relaciones entre las comunidades judeoárabes, no me di cuenta. Como tampoco se dio cuenta Abel Made, el presidente ya fallecido de la asociación islámica, en la que tantos encuentros hemos compartido hasta hoy. Puede estar tranquilo el periodista que mientras haya dirigentes en ambas comunidades que no hagan del odio la bandera que él sí sabe enarbolar cuando las situaciones se lo requieren, seguiremos viviendo en paz.

Lo asombroso es que Verbisky nos pida silencio para que la Hezbollah no nos ponga una tercera bomba, supongo que su jefe, o no sé quien, sabrá imponerlo.

Medio oriente y periodismo ( III )


El 28 de julio en el diario La Nación  Marcos Aguinis escribe una nota “ Hezbollah, el factor confuso”. Para el autor nada es confuso, y menos la organización a la que se refiere. Es él quien quiere confundir a los creen que los palestinos existen. Porque Aguinis sostiene que  apenas constituyen una entidad dudosa. Primero insiste en que los que más detestan a los palestinos son los propios árabes. Los discriminan en sus tierras, los masacran cada vez que pueden: “ Basta recordar que fueron asesinados por las tropas jordanas, sirias y libanesas cinco o seis veces más palestinos que todos los que cayeron en sus enfrentamientos con Israel desde hace más de medio siglo”.

Para aclarar esta supuesta confusión nos hace un breve historial por el que recuerda que “ el movimiento nacionalista árabe que nació en Siria a principios del siglo XX y fue teorizado por personalidades cristianas y pro occidentales, dijo que ‘Palestina’ era un invento de los sionistas para independizarla de Siria. En efecto, el nacionalismo árabe de entonces consideraba que toda esa región constituía una gran Siria, opinión que subsiste en ese país”. Discutir la identidad palestina, tratarla como un artificio histórico reciente que enmascara el deseo de impedir la constitución de otra identidad, esta vez auténtica e indiscutible, la del pueblo judío en su tierra, es fascismo antisemita. Por supuesto que una aseveración como la que acabo de hacer puede sorprender ya que hablo de un señor que se muestra como un partidario de la democracia republicana y un judío apreciado por los líderes de su comunidad. Pero justamente se trata de un asunto de identidades que se compran en el mercado social. Los palestinos no hay dudas de que son palestinos para todo el mundo salvo para algunos confundidos, y discutir su nacionalidad o embarrar su lucha por tener un estado independiente, no hace honor, todo lo contrario, a los que queremos una paz digna en medio oriente.

El antisemitismo en sentido literal incluye a los árabes, y el fascismo incluye a los que desconocen el derecho a la existencia de otros pueblos, con sus credos, costumbres, tradiciones, y sitios. Por su lado  Marcelo Birmajer en la revista  Horizonte ( “Para una convivencia en medio oriente”)  escribe una nota por la que distingue la lucha por la liberación del pueblo judío después de la segunda guerra mundial y la que libran los palestinos desde ese momento. Para él, si los judíos no fundaban Israel, los mataban a todos: “ Las alternativa a la creación de Israel era la muerte. Si la guerra de Independencia se hubiera perdido, los judíos de Israel, y probablemente los de otras partes del mundo, habrían sido masacrados como lo fueron los de Alemania y Europa del Este. La alternativa al territorio, entonces, no era la diáspora ni la vida bajo un régimen árabe liberal: era la muerte.

Los palestinos – para Birmajer -  tenían una ventaja en aquellos tiempos hace más de cincuenta años. Podían vivir en una verdadera democracia y mejorar su situación económica y participar de los beneficios del progreso material.  Dice: “ Es cierto que para los habitantes árabes de la porción de Palestina determinada a ser Israel, la declaración de Independencia representó un cambio radical: no deseaban vivir en un Estado judío y democrático. Pero desde el punto de vista de la continuidad de la vida, del confort y de las libertades públicas, tal como lo demostraron los cientos de miles de árabes que eligieron permanecer en Israel y hoy son millones, también representó un radical mejoramiento en sus condiciones de existencia”.

La escolástica cínica es una de las ramas del pensamiento filosófico que más representantes tiene. Tener la seguridad de que de no existir Israel a mi y a mi familia nos habrían masacrado los argentinos, y a mis primos franceses los franceses y no sigo con las familias, es algo más que defender la existencia de Estado de Israel, es sentirse un héroe sin pudor ninguno. Verdaderamente un señor elegido. Pensar desde la cumbre no del Sinaí sino del  Aconquija, que es la cima que ha elegido Birmajer para vivir por ahora, aseverar que a los palestinos les convienen los televisores, los lavarropas antes que un hogar nacional sin electrodomésticos, tiene aparentemente una base moral muy estudiada: “ Para ( los palestinos) puede ser que no fuera el tipo el tipo de independencia ( esta vez lo escribe con minúscula) que buscaban, pero no representaba la muerte ni la esclavitud. Eso es un Ethos: aunque la conveniencia indique aceptar el status quo, la ideología nos impulsa hacia la posición opuesta ”.

Después  dice que los árabes no estaban maduros para renegar del ethos y gozar del status. Los partidarios del Gran Israel que estimularon lo que puede llegar a ser el principal obstáculo para que haya paz entre palestinos e israelíes, me refiero al asentamiento de cientos de miles de colonos en Cisjordania y Jerusalem Este, han invocado razones teológicas una veces, estratégicas otras, pero nunca benefactoras para someter a los palestinos. Cuanto más grande Israel mejor vivirán los palestinos para Birmajer, ya olvidados de principios e identidades inútiles y al fin cobijados por guardianes del ancestral paraíso de la leche y la miel.

Medio Oriente y periodismo ( IV )


Jorge Castro, un especialista en polìtica internacional, funciona como un Karl Schmidt de la literatura política nacional. El filósofo nombrado es un Maquiavelo del siglo XX. Realismo crudo con pimienta. Una geopolítica sazonada como un steak tartare. Todos lo invocan a Scmidt, y lo estudian, en especial los que aborrecen su ideología fascista. Pero la mencionada denostación política no lo ha marginado de la preocupación moderna por entender la historia del presente. Aún los que no lo leen  o lo hacen poco- como el que aquí escribe - se lo encuentran en todas partes. Sucede que la realidad política de nuestros días se parece cada vez más al rostro ideológico de Schmidt. La dupla “amigo-enemigo”, “el estado de excepción”, son algunos de los conceptos más mentados para dar mínima cuenta de los conflictos actuales. Las guerras hoy se hacen en nombre de la seguridad de los estados por lo que estamos más cerca de la preocupación política del siglo XVII con sus guerras de religiones y su paz de Westfalia que en las contiendas ideológicas e inter-imperiales del siglo XX.

Volvamos a Jorge Castro. En los comienzos de la década del 90 saludó al menemismo como la revolución conservadora que barrió la era de los sociólogos socialdemócratas que caracterizaron al período alfonsinista. Conservadurismo en lo cultural y modernismo en lo económico, eran las notas que rescataba para una nueva y promisoria aventura nacional. Dejó la directoría de El Cronista y asumió como jefe de planeamiento estratégico del staff menemista convertido hoy en el Instituto de Planeamiento Estratégico del cual es Presidente. Hay una palabra que caracteriza su pensamiento y que oficia de brújula además de caer más que madura: estrategia.

En una nota del 30 de julio sobre Oriente Medio en el semanario Perfil dice: “Oriente Medio es hoy la región más estratégica del sistema mundial, por su ecuación de dos términos: petróleo más conflictos (…)  Lo que está en juego allí es la ecuación estratégica central de la regiòn más estratégica del mundo”.

Para Castro Jorge el mundo es un enorme tablero en el que se mueven las piezas de este maravillosos juego: el del  Poder. En realidad las piezas las mueve él en cada una de sus reflexiones sobre el escenario mundial. Por acá los EE.UU, por allá la China, a un costado Bin Laden y Mahmoud Ahmadinejad, atrincherado se oculta Hafez -al- Assad  y Hasán Nasrallah, y en la oficina central de su oficina de inteligencia el inimitable Peter Sellers acodado en una mesa oval mientras grita fuera de sí, con todo derecho, porque es quien  mejor aprendió a amar la bomba.

Castro Jorge en una reciente nota en Noticias dice a propósito del frustrado atentado en el aeropuerto de Londres que los EE.UU  destinan a sus fuerzas militares el 45% del presupuesto mundial de defensa para estar presente en 130 países. Al Qaeda según los informes de la inteligencia norteamericana ha infiltrado sesenta países. Agrega: “ un estudio realizado en el Senado norteamericano ( Comisión Lugar) consigna que existe un 70% de probabilidades de que, en un plazo de diez años, EE.UU sufra en su territorio un ataque de proporciones catastróficas, mediante la utilización de armas de destrucción masivas, nucleares, químicas o bactereológicas (…) El resultado es que esta ` larga guerra global ´, asimétrica y polar, está mucho más cerca de su principio que de su fin”.

Dios - llámese Jehovah, Alah, Vishnú o Arimán - nos ha bendecido con preocuparnos con el problema de los superpoderes de un señor llamado Alberto Fernández. Ojalá que nunca cambiemos de tema, que la providecia nos guarde a los intendentes de la provincia de Córdoba y sus dilemas electorales, que suframos con la hegemonía del Frente para la Victoria, que Aníbal el Otro Bigote Fernández se sume a nuestra reina Cristina, que Alfonsín nos cante el arroró en a Dos Ronquidos, que acompañemos a Lavagna en su dulce espera, porque si es por lo que se viene, el experto deberá aumentar el personal de su Instituto Estratégico, mientras nosotros, podemos comenzar por agregar a nuestra PC, un “joy stick” con casco antinuclear y comprar la serie de videogames del Dr Castro.   

Quisiera antes de terminar, tranquilizar a ciertos lectores de TP, que me piden un plan para Medio Oriente ya hartos que están de que hable de otros y no ponga mis condiciones para solucionar de una buena vez por todas el conflicto. Estoy en eso, ya pedí el cese del fuego.